miércoles, 14 de diciembre de 2011

Completando el círculo.

Si entendemos un contexto como un conjunto de factores condicionantes, tendremos que reconocer que, en un contexto que tenga que ver con seres humanos, las personas que lo habitan tienen un peso importante. Pero, habitualmente, las personas no son la causa de ese contexto sino el resultado.

Por ejemplo, en cualquier aula de colegio de chavales de doce años hay siempre, aproximadamente, las mismas veinte personas. Siempre hay los mismos abusones, los mismos abusados, los mismos chapones, el mismo chaval espabilado y los cinco que le siguen y demás; y si pudiéramos fijar la cámara en ese abusón repetidor veríamos que finalmente se hace mayor y pasa de curso, pero habría otro chaval repitiendo y viviendo el mismo año para ocupar el puesto vacante, y otro tras este. Y la cara del chico cambia pero la experiencia es la misma una, y otra, y otra, y otra vez. Lo era en la Grecia clásica y lo será en la sociedad que venga detrás de esta; y parece que las personas sólo seamos pilas que animan estos arquetipos, estos personajes, que repiten estas funciones que nos precedieron y que nos sobrevivirán, y pasásemos nuestras vidas pasando de cubrir uno de estos roles a cubrir otro, y después otro. Y ni siquiera creo que podamos escoger completamente qué rol cumplimos, pero si algo está claro es que ninguna persona es imprescindible, y que si alguien, por cualquier motivo, deja su puesto, siempre vendrá otro a cubrirlo. A librar las mismas batallas, a cometer los mismos errores y a, con suerte, aprender las mismas lecciones. Como un fractal es un dibujo hecho de muchos dibujos pequeñitos. Como un hormiguero, como cualquier otra cosa si acercas o alejas la vista lo bastante funciona, en definitiva, como un solo ente.

En el fondo no somos más que el mismo perro corriendo detrás del coche del cartero. Como si le fuera la vida en ello, porque de hecho le va.



A veces tengo atisbos de esto, y entonces pienso en que otro los tuvo antes y tuvo que ser de esta concepción de donde nacieron el concepto de destino y el de reencarnación. Otras veces completo el círculo y marco el inicio del camino para la persona que yo era hace -pongamos- siete años (que a todos los efectos es una versión pasada de mí, igualito que en las pelis de ciencia ficción), que sé que estará en alguna parte buscándolo igual que yo lo estuve; y quisiera mostrarle el final, pero sé que no podría verlo, sé que la única forma de que lo vea es empujarle a empezarlo y que lo descubra por sí mismo, igual que otro -esa persona que ahora soy yo- me empujó a mí. Y para quien seré, que también está por ahí y lo verá y sonreirá pensando en que ahora yo soy la persona que él fue, y que hay otro siendo quien yo fui, y que sus antiguas batallas ahora son mías y las mías de otro, y en los siete años que me esperan hasta ser, con suerte -o no-, él.

Y pienso en que si las vidas de estas personas son tan parecidas en las cosas importantes, entonces el momento histórico, y la tecnología, y la sociedad, y cambiar el mundo, a fin de cuentas no puede contar tanto. Pero sí cuenta pelear, si crees en ello.

Y me imagino que al final, de un modo u otro, todo va a salir bien. A pesar de que no sabré por qué hasta que ya haya sucedido.


3 comentarios:

  1. Vale. Otro blog. Espero que este no lo dejes colgado, siempre es un gusto leerte :)
    Al final, ¿qué más da que en una visión global seamos prescindibles? Nadie quiere ser prescindible, y como somos nosotros quienes en gran parte decidimos sobre nuestra vida...
    En fin, tengo catarro y me encuentro fatal, no estoy para filosofadas.
    Por favor, cambia la combinación de colores porque me duele leer blanco sobre fondo negro. En serio. Mucho.

    ResponderEliminar
  2. No sé si me pondré con el blog o no. Y desde luego lo que no voy a hacer es tomármelo como un proyecto o una responsabilidad, quedas avisada :P

    ResponderEliminar
  3. No se si seguirás o no con el blog, pero brindo contigo por la inauguración ;)

    ResponderEliminar